SALIDA DE
CAMPO
ESTACIÓN
CENTRAL – ARENA COLISEO GUADALAJARA
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El pasado
seis de noviembre lleve realice mi salida de campo, para esta asistí al
recorrido de lucha libre el cual inicia en el pub “Estación Central” de
Guadalajara-México. Llegué el lunes cinco a Guadalajara y acorde con mis amigas
asistir a este evento, una de ellas es de la ciudad de Medellín y ya había
venido a la ciudad antes, pero no había ido a las luchas, mientras que otra es
oriunda de la misma y si había asistido, razón por la cual nos recomendó ir y
hacer el recorrido. Mi amiga coordino la salida y reservo 13 entradas para las
luchas para ir con algunos de sus amigos ya pues afirmó que este plan “se
pasaba más a gusto con más gente”. Le indicaron la hora a la cual debíamos
estar en el pub, a qué horas empezaban las luchas y alrededor de qué horas
volvíamos a Estación Central.
El día de
las luchas, mi amiga se fue a trabajar y nos dijo a qué horas pasaba por mi
otra amiga y por mi para “cenar” donde su tía y esperar allá hasta que volviera
de la “escuela” (universidad) para regresarnos a su casa y esperar a salir para
el pub. Llegó por nosotras y fuimos a donde su tía quien nos estaba esperando,
desde que la conocí me pareció una persona sumamente amable, nos preguntó todo
el tiempo si estábamos bien, si nos estaba gustando México, cómo nos habían
tratado y si la nos estábamos divirtiendo, después salieron tres de sus hijas y
comprobé que eran igual a su mamá en este sentido.
La “tía
Mari” nos recibió con un “pozolillo” para “cenar” (almorzar), y tan pronto nos
lo sirvieron tanto mi amiga de Medellín como yo pensamos lo mismo, que esa sopa
parecía un ajiaco. Me llamó la atención la taza y el plato donde sirvieron el
almuerzo pues la primera era de barro rojo con una franja de flores de puntitos
mientras el plato también era de flores, pero esta vez de dos colores (azul y
amarillo). Después de meter la cuchara nos dimos cuenta de que la sopa era solo
de “elotes” (un tipo de maíz) y pollo. En el centro de la mesa había cebolla,
cilantro y lechuga, además de totopos (nachos) y guacamole (pero sin picante-lo
hicieron pensando en nosotras). Me pareció sumamente curioso que esa lechuga
era para echarla dentro del pozolillo, al igual el cilantro y la cebolla, fue
muy cómico cuando mi amiga de Medellín y yo empezamos a echarle también totopos
y guacamole a la sopa y todas gritaron ¿Qué hacen? ¡El guacamole y los totopos
no se echan en la sopa! Fue un poco vergonzoso pero divertido. Terminamos de
almorzar y mi amiga se fue a su escuela, mientras que mi otra amiga y yo nos
quedamos en la casa con sus primas, ahí esperamos hasta que volvió por
nosotras, fuimos a su casa para arreglarnos y esperamos a que pasaran por
nosotras. Nos recogieron y salimos para el pub.
El Pub
El Bus
Lo primero
que note del lugar fue que era un espacio muy grande, pero como tal el pub muy
angosto y alargado, la persona que iba manejando se “estacionó” en la
“banqueta” frente al lugar, nos bajamos del “coche” y entramos. El lugar parece
un “estacionamiento” (en realidad si tiene una parte para estacionar, pero
estaba llena) pero con un container de madera muy largo que hace de local, con
mesas de maderas alargadas que parecían bancas, algunas estaban debajo del
techo del local y otras fuera de este, en estas últimas se podía fumar. La
música estaba muy alta, era rock desde los 70’s hasta 90’s en inglés, la
decoración era de esta misma época con letreros en luces de neón, posters de
películas y cantantes, televisores que pasaban los videos de las canciones que
pasaban y controles de Play 1 colgando del techo. Entramos todos a la barra y
mi amiga hablo con el barman sobre nuestra reserva y él le pidió el dinero,
cada uno pagó 250 pesos mexicanos, es decir, casi 40 mil pesos colombianos por
la entrada, esta incluía la ida a la arena desde el pub y el regreso al mismo
junto con una cerveza para consumir en el bus. Como llegamos temprano nos
sentamos y pedimos cervezas, llegaron las personas que faltaban y organizamos
las mesas para sentarnos todos y empezamos a “platicar” mientras tomábamos
cerveza, por algún motivo la de los hombres eran jarras como las de los
festivales en Alemania, mientras que las de las mujeres eran botellas de Corona
o Victoria, y como sucede en las salidas de grupos grandes se empezaron a hacer
grupos de personas pero en general todos hablamos con todos hasta que llegó
nuestro bus. El bus era uno de dos pisos rojo, lo que me recordó a los de
Londres, salimos del lugar e hicimos fila para subirnos, nos fuimos en el piso
de abajo pues alguien comentó que en el de arriba hacia mucho frío, antes de
subir mostramos nuestro boleto y nos dejaban pasar. Una vez arriba nos
organizamos en la parte de atrás, alguien puso música desde su celular y todos
muy emocionados gritaban y “molestaban”, se notaba que entre ellos eran muy
cercanos, antes de salir del lugar se subió un hombre con una caja de la cual
empezó a sacar Coronas y nos dio una a cada uno, y así estuvimos en el bus
alrededor de 20 min. Nos dejaron a tres cuadras de la Arena Coliseo, pero las
caminamos rápido.
Lo primero
que pude ver fue a mucha gente en la entrada, algunos con unos tragos encima,
otros haciendo fila y algunos otros brincando y gritando barras, vi algunos
vendedores ambulantes con dulces y máscaras. Llegamos a la entrada y vi el
nombre de la Arena en letras enormes y plateadas sobre un fondo azul, el techo
de la entrada era bajo y tocaba subir unas cuantas gradas para entrar, una vez
adentro el techo era más alto y se podía ver una parte de la arena, las luchas
ya estaban por comenzar y estaban presentando a los luchadores de esa ronda de
la noche. Entramos y fuimos a la tienda a comprar algo de tomar y comer, las micheladas
acá son con jugo/salsa de tomate, pedí una para probarla y me dieron un vaso
absurdamente grande, por el cual pagué 70 pesos mexicanos, lo que es alrededor
de 10 mil pesos colombianos. En los bordes tenía tajín, el pitillo era
supremamente grande y me dieron otro más pequeño relleno de tamarindo para
ponerlo dentro de la michelada. Algunos otros pidieron papitas con chile y
otros solo cerveza. Alrededor de la tienda habían algunos puestos de máscaras y
recuerdos de las luchas como fotos de luchadores, me llamó la atención el altar
que tenían de día de muertos todavía. Entramos al espacio de la arena y era mucho
más grande lo que me había imaginado, estaba oscuro y tenía letreros de colores
de marcas de tequila, pude diferenciar perfectamente lo que me había comentado
mi amiga de la diferencia de las gradas pues me decía que habían dos tipos, los
de arriba y los de abajo, y que siempre había rivalidad entre ellos.
Sinceramente,
pensaba que esa rivalidad era como la de las barras en Colombia, pero no era
para nada así, solo era una rivalidad de porras, los de arriba tienen fama de
“pobres”, mientras que los de abajo son “ricos”, tan pronto ingresamos los de
“arriba” empezaron a gritarnos, mi primera reacción fue asustarme porque no me
lo esperaba, ni siquiera entendía lo que gritaban pero eran demasiadas personas
gritándose, y por algún motivo casi todos usaban ropa oscura. Más adelante mi
amiga dijo que le estaban gritando a nuestra amiga de Medellín, por ser “güera”
(mona) le gritaban “Hey güera, coqueta, enséñame las tetas”, y nosotras
quedamos como: Ah, ok. Seguimos a mi amiga quien estaba buscando un lugar donde
sentarnos todos, pero el lugar estaba prácticamente lleno. La arena estaba en
el centro y muchas luces le apuntaban, detrás de esta había una pantalla donde
mostraban lo que pasaba en la arena, a no más de 2 metros del cuadrilátero
empezaban las sillas, y terminaban en el borde de lo que eran las gradas de los
de “abajo”. Estábamos separados de los de “arriba” por una reja, y unos cuantos
centímetros de altura, esa parte no tenía sillas y eran gradas de cemento, y
más arriba había otras gradas pero no había nadie ahí. El lugar tenía gente de
todo tipo, extranjeros y locales, gente sobria, no tan sobria, borrachos y muy
borrachos, pero se veía que todos se estaban divirtiendo. El lugar tenía muchos
policías adentro, pero siempre los vi hablando con las personas que vendían
comida en el lugar, vendían prácticamente lo mismo de la tienda de afuera pero
sin tener que ir hasta allá. Probé los llamados “cueritos”, que eran piel de
cerdo que bañaban en vinagre y quedaban blancos, le echan limón y chile, pero
como no me gusta el picante el señor no le echo salsa, se sentía como gelatina
con sabor a vinagre, no me gusto pero al menos lo probé.
Pude ver a mi alrededor que la mayoría de personas que asistieron eran adultos y jóvenes, algunos de ellos con máscaras que acababan de comprar, alcance a ver unos cuantos niños que parecían estar con su familia. Lo que más me
llamó la atención de las luchas fue que todos sabían que era todo un show pero
aún así lo disfrutaban, decían que se veía bien “chafa”, que era muy chistoso
por lo “fake” que se veía pero igual era muy emocionante, la gente gritaba con
cada golpe que se daban los luchadores. Algunos de ellos eran ya mayores, se
veían algunos musculosos y jóvenes, mientras que los mayores se veían solo como
“grandecitos”, no tan tonificados por decirlo de alguna manera. Los trajes
variaron mucho, pero todos tenían máscaras, algunos de pantalón largo y pegado
mientras que otros tenían un pantaloncillo parecido a un traje de baño. Para
las luchas se enfrentaban dos grupos, cada uno con tres miembros, a cada uno lo
presentaba el árbitro. Los diseños de las máscaras variaron mucho, algunas eran
como las de las películas con un color satinado y los bordes de los ojos de
otro, mientras que otras tenían formas de animales o “demonios” con cuernos e
incrustaciones de piedras, entonces brillaban, estos trajes seguían un estilo,
había uno que parecía un cavernícola con el pelo negro crespo con algo que
parecía un hueso que le recogía una parte de su cabello, era altísimo y estaba
super tonificado, además su traje era de leopardo.
En general respetaban a los árbitros, aunque a veces discutían nunca lo tocaron. Ellos eran quienes permitían la entrada de otro miembro para ayudar o cambiar puestos con sus compañeros si hacían la señal (3 palmaditas), también realizaban el conteo cuando un luchador sometía a su rival e incluso, si se daba el caso, los separaba. Era muy divertido porque aunque se veía algo fake los movimientos eran super llamativos y exagerados. Cada cierto tiempo, cuando los luchadores tenían “atrapados” al contrincante amenazaban con quitarle la máscara y todos los del público gritaban que no lo hiciera, pero justo en ese momento lograban liberarse. Cada cierto tiempo también los de “arriba” y los de “abajo” se gritaban porras, los de “arriba” nos gritaban y nosotros respondíamos con: “Se les va el camión” o “Su papá es mi chacha”. Lo más divertido era gritar, tanto a los “pobres” (los de arriba) como abuchear o animar a los luchadores. Se presentaron tres peleas y la última unía a todos los luchadores de la noche, cuando se acabó la salida fue mucho más organizada de lo que esperaba, los “ricos” y “pobres” nos gritamos hasta la salida, donde todos empezaron a bailar. Caminamos hasta donde nos dejó el bus, nos dieron otra cerveza y nos dejaron en el pub donde comenzó el tour, nos tomamos unos shots de tequila con cerveza que nos invitó el dueño del local por ser de Colombia y nos fuimos a comer quesadillas y finalmente nos fuimos a la casa descansar.
Como
conclusión puedo decir que es una experiencia muy entretenida, en lo personal
puedo decir que este tipo de eventos me parecen muy “charros” y nunca imagine
que pagaría por ver personas “pelando” pero no me arrepiento, me lleve una
sorpresa con el ambiente y la forma como disfrutaban las personas del
espectáculo y cómo uno mismo hacía parte de este, esta salida la podría definir
como “muy mexicana”, además, el ver como todos sabían que era un show y aun así
disfrutarlo y tomarlo como si fuera una pelea real me sorprendió un poco, pero
lo hacía un poco más cómico y entretenido. Ya por último, aunque no me
compre ningún recuerdo, me llevo las fotos y los videos para mostrar y
recomendar las lucha libre mexicana.










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